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Polinesia Francesa
Para llegar a los 118 oasis flotantes que componen las islas de la Polinesia Francesa se necesita un día entero de vuelo sobrevolando el Atlántico y parte del Pacífico. El Estado polinesio está formado por cinco archipiélagos:
Sociedad, Marquesas, Tuamotu, Gambier y Austral.
Los vuelos internacionales aterrizan en Papeete, mayor población de Tahití —la isla más grande de la Polinesia Francesa— y capital del país. El conjunto de archipiélagos abarca una superficie de mar tan grande como Europa, sin embargo la población es de poco más de 260.000 personas —la mitad de ellas reside en la capital—: un dato que da cuenta del carácter solitario de muchas islas. En Papeete aún quedan algunas casas de madera con fachadas pintadas de vivos colores y galerías sombreadas, son vestigios de la época en que Tahití fue protectorado francés, de 1842 a 1880. Un paseo por el Mercado Central, que también data de aquel periodo, es un auténtico placer para los sentidos: puestos rebosantes de papayas, limones, bananas, piñas y frutos del árbol del pan. Para abandonar el ambiente plácido de la isla, hay una única carretera que sigue la costa y atraviesa bellas aldeas donde se instalaron escritores como Robert Louis Stevenson, y pintores como Paul Gauguin. El siguiente destino es la isla volcánica de Moorea, a la que se accede en transbordador. Con sus iglesias solitarias y casas dispersas de pescadores y agricultores, Moorea destaca por su belleza y armonía naturales. En la isla de Raiatea también predominan la agricultura y la pesca, y es el lugar idóneo para conocer de cerca el auténtico modo de vida polinesio. Desde aquí parten transbordadores frecuentes hacia Bora Bora, la última isla de nuestro viaje por el archipiélago de la Sociedad. Bora Bora es uno de los primeros destinos paradisíacos del mundo, es como un enorme acuario natural delimitado por una línea de islotes de arena blanca y cubiertos de cocoteros que han surgido sobre el arrecife coralino.
Datos turísticos de Polinesia Francesa
Tahití
Es la puerta de entrada a la Polinesia Francesa, pues aquí se halla su capital, Papeete. Un itinerario circular muestra la vida rural de la isla, pasa junto a maraes –templos animistas al aire libre– y visita aldeas que fueron residencia de artistas e intelectuales europeos, como el pintor Paul Gauguin, cuyo museo se halla en la aldea de Papeari, accesible por la carretera que circunda la isla.
Papeete
La capital de Polinesia tiene un gran encanto. Merece la pena perderse por su casco antiguo para ver edificios coloniales de madera. El paseo debe detenerse en la catedral –los domingos celebran misas con cantos tradicionales–, el Mercado Central, con productos de todo el archipiélago, y el parque de Bougainville.
Punaauia
Esta localidad costera al sur de Papeete acoge el Museo de Tahití. Se trata de un centro que recoge la historia y las tradiciones del archipiélago polinesio.
Moorea
Vecina a Tahití, se llega en trasbordador desde Papeete. La ruta circular por la isla empieza en las bahías de Pao Pao y Opunohu, divididas por el monte Rotui. Una carretera que sale del pueblo de Pao Pao, en el centro de la bahía del mismo nombre, sube hasta el Belvédère, un mirador desde el se domina la vista sobre las dos bahías.
Raiatea
Es la mayor de las islas de Sotavento. Se llega en avión desde Tahití. Uturoa es su población principal. La bahía de Opoa y el marae de Taputapuatea son dos de sus máximos atractivos. En un día es posible recorrer toda la isla siguiendo la carretera de 104 kilómetros que sigue su perímetro. Un lugar de gran belleza es la bahía de Faaroa, en cuyas riberas crecen plantaciones de vainilla; se puede remontar en piragua o en barca a motor.
Tahaa
Separada cuatro kilómetros de Raiatea, esta isla de pequeño tamaño es popular por sus criaderos de perlas negras y sus plantaciones de vainilla. Una manera muy agradable de conocer la isla es navegar hasta ella en un velero de alquiler o en una excursión en barca desde Raiatea.
Bora Bora
Es la isla más famosa de la Polinesia por la inmensa laguna que se extiende frente a su costa. La zona más idónea para las inmersiones es la Vallée Blanche, un banco de arena con 34 metros de profundidad. Otro lugar ineludible es Punta Matira, una larga lengua de arena cubierta de cocoteros en el extremo sur de la isla.