Su población es de 1.235.000 habitantes
Praga: el rincón bohemio
Capital de la República Checa, Praga mezcla en sus calles encanto e historia. Frontera entre la lengua germánica y eslava y entre el alfabeto cirílico y el romano, Prazské deja su huella a todo aquel que la toca.
Se la podría nombrar como la ciudad de los puentes, ya que tiene 15 puentes, 14 de ellos sobre el río Moldava, también podría ser la ciudad del reloj astronómico, la de la ruta real o la del callejón de oro donde vivió Franz Kafka, la de la primavera del 68 y la eterna Praga. Pero esta ciudad es todo eso y mucho más.
Praga fue declarada patrimonio mundial por al UNESCO en 1992. Los visitantes acuden en masa a una de las zonas más bellas, la plaza de la ciudad vieja, repleta de fachadas góticas, barrocas y renacentistas, músicos callejeros y vendedores ambulantes que ofrecen cerveza y panecillos. Dentro de la plaza se puede admirar el ayuntamiento de la ciudad vieja con su monumental reloj astronómico que data de 1410.
Praga es sin duda una de las ciudades más bellas de Europa. Una joya que ha sido muchas veces elogiada como la "Ciudad de las Espirales". La capital checa se ha convertido en el ejemplo de supervivencia tras el comunismo y derrocha encanto por sus cuatro costados. Hasta el más cínico no puede evitar adular el Puente Carlos o la Plaza de Mala Strana. Ésta es la ciudad donde simplemente el pasear por ella es todo un placer.
La historia de Praga data del año 400 a.d.C., con las tribus celtas. La verdadera edad de oro de la ciudad comenzó cuando Carlos IV de Bohemia fue elegido Emperador Romano en 1346. El ambicioso plan de construcción gótica, incluyendo la Catedral San Vitus, Puente de Carlos y la Universidad, alrededor de la plaza Wenceslao, transformaron la ciudad en una de las más poderosas de Europa.
Parte del encanto de Praga es que es igual de bella en cualquier temporada del año. Los inviernos pueden ser largos, crudos y oscuros, mientras que la primavera y el otoño son de ensueño y el verano cuenta con temperaturas cálidas. La capital de la República Checa nunca decepciona, se puede disfrutar de un agradable paseo en barco bajo el Puente Carlos en una agradable noche de verano, o caminar sobre la nieve en la Plaza de Mala Strana o disfrutar de una copa de vino caliente en el Mercado de Navidad en invierno.
El viajero tampoco puede dejar de visitar la plaza de la Ciudad Vieja donde las agujas góticas de la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn y la Iglesia barroca de San Nicolás han sido testigos de numerosos episodios históricos como las decapitaciones tras la entrada de las Tropas de la Santa Alianza o el enfrentamiento con la SS nazi y su retirada tres días después tras la entrada en Praga del ejército rojo. Así como testigo mudo de la primavera de Praga de 1968 y su finalización tras la retirada de los tanques del Pacto de Varsovia, pacto que fue disuelto oficialmente en esta ciudad el 1de julio de 1991. Os aconsejo que cojáis uno de los muchos
apartamentos en el centro de Praga para que no os perdáis ninguna de estas maravillas.
Uno de sus monumentos emblemáticos es el Puente de San Carlos. Construido en 1380 al arquitecto alemán Peter Parles pertenece al estilo gótico tardío. Sus 520 metros sobre el río Moldava desembocan en dos majestuosas torres. A lo largo del puente se colocaron hasta 30 estatuas de distintas órdenes religiosas siendo la primera la figura de San Juan Nepomucemo, patrón de los checos, por los jesuitas en 1683, hasta 1850 en que se puso la última figura.
El Castillo de la ciudad está considerado como la fortaleza más grande del mundo. En su interior incluye la Catedral de San Vito de estilo gótico francés iniciada por el maestro Matías de Arras. También se emplazan en su interior el Palacio Real, la Torre de la Pólvora y la Basílica de San Jorge.