Un año después del devastador terremoto que estremeció la isla de Java, todavía quedan numerosos pueblos totalmente abandonados.
Debido a la elevada densidad de población de Java, donde vive el 65 por ciento de los 240 millones de habitantes de Indonesia, comunidades enteras fueron devastadas por el terremoto.
"El 99 por ciento de las casas se vinieron abajo y no se salvó ni un solo televisor o una radio. De todas maneras, tampoco habrían servido de mucho porque no tenían electricidad".
Trucos de supervivencia
Mientras la ONU anunciaba que suministraría comida a 80.000 personas durante el primer mes y a otras 50.000 más en el segundo, miles de afectados inundaban las carreteras pidiendo limosna o escarbaban entre los escombros de sus casas intentando recuperar sus pertenencias. "Aquí vivíamos antes seis familias numerosas y todos nos hemos quedado sin vivienda. Ahora dormimos 27 personas en la camioneta de uno de nuestros vecinos", relataba Ari Wardiyati, una empleada textil de 26 años residente en Jetis, otra de las localidades más dañadas por el seísmo de 6,3 grados.
A pocos kilómetros de allí, en el villorrio de Kembang Songo, perdido en un frondoso bosque de cocoteros y bananos, Prengil y su marido, Panut, habían utilizado los tablones de su casa derruida para improvisar una pequeña cabaña. En este cuchitril, los cinco miembros de su familia se resguardaban de las lluvias torrenciales que cada noche azotaban la castigada provincia de Yogyakarta. "Confío en que la ayuda del Gobierno y de otros países llegue pronto, porque de momento lo único que hemos recibido han sido víveres repartidos por la compañía tabacalera", manifestaba la mujer.